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Diario del AltoAragón - CULTURA Martes, 14 de noviembre de 2006
Por: MIGUEL ÁNGEL LORDÁN

Un día de cine en el Castillo de Loarre

Perceval. Cine en el Castillo de Loarre
Fotos: Miguel Ángel Lordán y RdF

Unos 100 figurantes participaron la semana pasada en el rodaje de las escenas del cortometraje "Perceval"

LOARRE.- “¿Puedes venir mañana a las ocho?” –pregunta Aurora, del equipo de producción- “rodaremos en Loarre por la tarde y tenemos que ir caracterizando y vistiendo a todos los que vengáis... además seréis muchos, cerca de un centenar”. Y así, con una llamada de teléfono móvil comienza la aventura del mundo del cine en el número uno de la calle del Valle en los diseminados del pueblo de Loarre.

Unos minutos después llama Fernando: “Hola, Miguel Ángel, ¿podrías traerte al rodaje a algún amigo más?” Unas llamadas más tarde y entre todo el estrés social que llevamos en esta vida moderna se apuntan a la aventura Antonio de Bujaraloz, Joaquín de Binéfar y su hijo pequeño Guillermo, que aunque viene de acompañante no sabe que aquí todo el que llega a “la nave” tiene su papel.

Tras el madrugón de fin de semana –sarna con gusto no pica- llegamos todos a Loarre. Hoy el día ha salido con algo de niebla alta y las vistas del Castillo son espectaculares, pero antes de ir a la fortaleza hay que pasar por la "nave nodriza". Los coches están aparcados en la era y dentro, el equipo técnico de Perceval con su ya peculiar familiaridad –llevan dos semanas de rodaje-, en su hervidero de "walkis", móviles, pinganillos, portátiles, ropas, garrafas de sangre...

“Buenos días, estos son los nuevos”- les digo-. A lo que alguien del equipo añade: “¿Ya están aquí?”. Y es que ayer se terminó de rodar un poco menos tarde, no porque se hiciese todo lo previsto, sino porque se estropeó la cámara y por suerte en doce horas llegó otra desde Londres, y entre la amargura y la ilusión, durante la noche se celebró un pequeño respiro laboral junto a la chimenea de la nave.

Mientras las escobas acaban de pulir afanosamente el suelo del almacén, el personal de catering, coordinados por Irene, se arrancan con un: “¿queréis algo caliente?” -poniendo en la mesa los termos de leche y café-. La chimenea del hogar empieza a sacar humo y Alex y David van alineando los chorizos en la parrilla de salida. En el otro rincón del hogar Maite recoge restos de las cenizas del día anterior para luego mezclarlos con agua y utilizarlos para manchar la cara y las uñas de todo el que tenga que salir delante de la cámara.

Aparecen las primeras listas del día –las trae Aurora- y según parece hoy me toca ser romano y a mis otros tres amigos les tocará ganar la batalla, ellos harán de bárbaros junto con Michel el belga y el francés Antoine, que hoy se quitarán el cordel de color y la tarjetita para caracterizarse con el resto de extras. María se apunta a distribuir al personal y se arranca con alguno de sus: “¡Figuración! ¡Escuchadme por favor!” Y manda a los bárbaros a la sección de vestuario donde Rosa y Cristina empiezan a hacer maravillas con las pieles, las telas y sus famosos imperdibles. El pequeño Guillermo ha venido en chándal y con sus zapatillas de deporte, así que además del traje habrá que disimular sus bambas con unos trozos de tela a modo de venda. Y mientras maquillan a Joaquín, tiempo no le ha faltado al “zagaler” de Binéfar para meterse en su papel jugando con algún puñal de los que ha traído Adolfo desde Burgos, quien gentilmente le ofrece un lamparazo de su bota al de Bujaraloz.

Luis llega a la nave con su pinganillo en la oreja y la cámara de fotos en la mano, y le pasa a Iris y su equipo de maquillaje a Rafael y David, dos romanos de Zaragoza que pertenecen a un grupo de recreación medieval, que vienen con sus trajes y complementos tal y como hicieron el otro día los amigos de Logroño en el rodaje de la peregrinación a San Juan de la Peña. Borja aparece también en la nave con el "walki" en la mano, y al instante lo hacen también Rebeca y Sara, según se oye ya hay gente por arriba por el castillo preparando el set de rodaje con Adriano, Luis y el noruego Karl.

Han pasado ya unas dos horas y Guillermo ya ha hecho amistad con otros dos bárbaros de Zaragoza, Edgar y Patxi, que ya vestidos y con sus melenas y barbas dan un poco de respeto. Patxi está muy metido en su papel y vive la aventura muy de cerca porque además de ser amigo del director también hará parte de la banda sonora del corto junto con el inglés Biff Byfford que interpretará el papel del Rey Arturo, eso sí, como los demás actores que tienen voz en esta historia tendrá que aprenderse sus frases en latín ya que el director de esta aventura de 35 milímetros, Pablo Aragüés, ha querido hacerlo en esta lengua histórica.

Acabo de entrar de la calle, estaba con Jesús, un funcionario de Zaragoza-, embadurnándome la ropa romana en la tierra de la parcela que hay junto a la nave; aunque lo de los bárbaros va a ser más salvaje, para ellos han preparado un cubo con barro para mancharles las pieles y sus harapos. Debemos ser los últimos romanos por maquillar así que nos dejamos "torturar" en las dos sillas que quedan vacías, las de Iris y Laura que primero nos ensucian cara y brazos con las cenizas y luego nos hacen alguna cicatriz a base de pegamento, café de sobe y retoques de pincel salpicados de una sangre pegajosa que circula en garrafas de veinte litros y que elaboran a base de colorante, agua y miel. Y para terminar el retoque final a base de un sarro artificial para manchar los dientes. Ya estamos listos para esperar otra vez.

Flases y móviles amenizan las siguientes horas hasta que la mesa esta servida; hoy toca ensalada de pasta y los anunciados chorizos a la brasa. “¡Qué bueno comer con estas pintas!” - dice Joaquín- “A ver cómo le digo yo ahora a mi hijo que luego no se ensucie la ropa”. Hace poco ha llegado también Pablo, quien da las últimas instrucciones a su equipo de cómo irá el rodaje de hoy. El personal de maquillaje da los penúltimos retoques a los figurantes y entre tanto se llevan algún bocado para ir adelantando faena.

El equipo técnico ya está listo y se sube al castillo en los primeros coches; un ratillo después lo haremos el resto en las furgonetas y coches de producción. Guillermo deja ya en el suelo al gato que hay en el almacén y que está pasando de mano en mano durante todo el día. Joaquín llama a su mujer para decirle que se lo están pasando muy bien y que como no sabe a qué hora terminará el rodaje -que todavía no ha empezado- que cuente con abrir ella el bar. Antonio por su parte está contándole a los de Huesca que toca en la rondalla de la jota de su pueblo, y yo, cámara en mano sigo con el reportaje fotográfico para luego subir las fotos a mi web.

Ha pasado una hora más, son las cuatro de la tarde y por fin pisamos el viejo aparcamiento del Castillo de Loarre. Ahora es Marta la que nos pone firmes con un: “¡Figuración! ¡Escuchadme un momento! ¡No lo voy a volver a repetir más veces!” Y nos sitúa frente al camión de Iker para repartirnos cascos y armas. Los romanos vestiremos corazas de los extras de la película “Gladiator” y los bárbaros gorros de piel y cuero de la película “Conan el bárbaro”. “¡Cuidad el atrezzo por favor!” –nos dicen-.

Hacia el set de rodaje

Cuatro extras van al set a grabar la primer escena, el resto se queda frente al castillo en improvisadas sesiones fotográficas para entretener la espera. Y al final, a eso de las cinco se oye por el "walki" de Borja: “¡Bajad la figuración, ¡Ya!” Así que en fila de a uno discurrimos todo el grupo hacia el set de rodaje en la parte sur de la muralla donde el equipo de arte asistido por Luis Sorando ha hecho un trabajo espectacular. Flechas, cadáveres, sangre, sacos, balas de paja... y el equipo de efectos especiales que está al cargo del fuego y el humo en la puerta destrozada del castillo. Cámara, vídeo, fotografía, sonido, "make in off", ayudantes de ayudantes, ayudantes de los ayudantes de los ayudantes, todos con pinganillos y "walkis". Pablo con su gorro de orejeras, Karl con su visera, controles de iluminación, maquillaje, vestuario, producción... todos otra vez juntos a gritos de “¡Silencio por favor!”.

Finalmente romanos al suelo, sangre a granel, ensayo, acción, sonido y “¡Cut!. ¡Repetimos, volvemos a primera! Lo estáis haciendo muy bien.” Más retoques de maquillaje, nuevas instrucciones, más: “¡Silencio por favor!” Y otra vez a empezar hasta que al fin convence la toma. Luego salimos del set, cambio de ángulo de la cámara, otra de: “¡Recordamos posiciones!" Más maquillaje, retoques de vestuario, cambio de orientación de paneles y focos y otra vez romanos al suelo...

Cae la noche y hay que recoger, por suerte hoy la toma ha sido buena, hemos grabado 30 segundos del corto. “¡Muchas gracias! Por hoy los extras han terminado aunque habrá más escenas los próximos días y os volveremos a llamar” –recuerdan las voces de producción-.

Parte del equipo se traslada al castillo donde hay previsto grabar más escenas con Perceval -Iván Hermes- y el Mago Merlín - José María Carrillo-, pero en esta ocasión no hace falta figuración. Según nos comentan, la de hoy será una noche larga, hay que recuperar tiempo y es posible que se hagan las cinco de la madrugada. La gente de figuración emprende el viaje en furgoneta hasta la nave, donde a base de toallitas desmaquilladoras expirará esta pequeña aventura. Por suerte, abajo en la nave está ya Irene otra vez con un buen platito de lentejas calientes. La vida del artista... siempre igual de dura.

Más de cien kilómetros después espera merecidamente la cama. Y mañana, Antonio regresará a su trabajo con las fotos más impresionantes de su cámara digital y se pondrá una como fondo de escritorio en su ordenador. Joaquín se ampliará alguna foto para ponerla enmarcada en el bar; y Miguel Ángel escribirá su crónica para El rincón de los famosos y Diario del AltoAragón. ¡Ah! Perdón, me olvidaba de nuestro pequeño Guillermo, él irá al cole y explicará a sus amigos el porqué no fue al partido: “He estado haciendo de bárbaro en una película... y llevaba una espada con mi padre y había mucha sangre...” Suponemos que le costará lo suyo convencer a sus amigos de que eso es cierto y que no lo ha soñado; pero quién sabe, quizá dentro de unos años la que ha sido hoy una experiencia inolvidable para Guillermo podría llegar a convertirse en algo tan rutinario para él como la secuencia: “Luces. Cámara. Acción”.

Perceval Crónica en Cadena Dial Binéfar Descarga Rodaje de Perceval

El pequeño Guillermo y José María Carrillo El inglés Biff Byfford y Pablo Aragüés Biff Byfford interpreta al Rey Arturo Los extras hacían de peregrinos en el Monasterio de San Juan de la Peña Miguel Ángel y Antonio amenizando el descanso del rodaje Los extras esperan en el interior del Castillo para entrar en acción