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El rincón de los famosos - POESÍA Diciembre de 1995
Por: Miguel Ángel Lordán (Chimi)

Sólo horizontes

Sólo horizontes
	

Al término de una calurosa tarde de siega me vieron nacer estas tierras del Alto Aragón en la década de los setenta. Crecí y jugué por las mismas calles que lo hizo el ilustre Miguel Servet y es ahora mi ciudad natal la que completa mi saber.

La juventud es la etapa seria por la que todos debemos pasar, la inconformidad, el porqué de las cosas, los amigos de verdad, la orientación profesional, la independencia, el despertar de nuevos sentimientos… el Mundo y yo. Todo englobado en las horas marcadas de un reloj sin agujas en el que se siguen sumando segundos.

El cariño por los míos y la pasión por los medios de comunicación me llevaron con dieciséis años a publicar mis primeros artículos en Diario del Altoaragón, Heraldo de Aragón y el ya desaparecido periódico El Día. Ahora me centro más en la información objetiva, aunque sigo cultivando ese tono irónico que me caracterizó en prensa. También me apasiona la comunicación oral y más concretamente el mundo de la radio, al que llevo dedicados parte de estos tres últimos años y al cual me gustaría dedicarme profesionalmente.

La poesía de la vida está siempre vinculada al amor, respeto y amistad que unos a otros nos debemos en el arduo camino de la vida. En el primer momento en que un sentimiento se impregnó en un papel nació Chimi desde entonces, la luz, la soledad, el agua, los sueños, los horizontes, el tiempo y la vida misma se han combinado repetidamente con infinitas metáforas en el despertar de cada día.

Si eres uno de los que piensan que la poesía es tristeza y soledad, vuelve a leer lo que así has juzgado y verás en ella ilusión además de un corazón que palpita hacia un horizonte cada vez más próximo.

Gracias a las personas y vivencias que laten en estas líneas porque sin ellas no hubiese sido lo mismo. Gracias especiales a los amigos de En buena compañía y La Magia es Joven porque con ellos hemos puesto la chispa a la vida.

	
	© Miguel Ángel Lordán, 1995 
	Dibujos: Miguel Ángel Lordán
	
	
	

El tiempo

El tiempo

			El tiempo no es sino el verdugo,
		que abre y cierra la puerta de la vida.
		
	© Chimi, 1992 
	
	

¡Qué sólo estoy!

Qué sólo estoy

			Esperar es algo triste;
		estar sólo, mucho peor.
		Me falta mucho valor
		y a la muerte recibiste.
 
			Quizá no fue todo bien,
		preferías algo más;
		pero, ahora, tú ya no estás,
		no besarás más mi sien.
	 
			A veces, si me despierto,
		quisiera pensar que sueño;
		todo resulta pequeño,
		pero lo peor es que es cierto.
	 
			Mil veces quise decirlo
		pero quizá tuve miedo,
		no quise tocar ni un dedo,
		tú preferiste no oírlo.
	 
			¿Por qué te fuiste tan sola?
		Siempre estarás en mi mente,
		el buen recuerdo no miente,
		 siempre podré decirte hola.
	 
			Cuando bien marchaba todo
		llegó el maldito destino,
		todo ante mí, desatino,
		quisiese salir del lodo.
		 
			Desde que no estás aquí
		hay un vacío muy grande
		qué, por más que la vida ande,
		 nunca te perderé a ti.
		 
			Tú estás en otro paraje,
		tú estás en otros lugares,
		tú estás surcando otros mares
		y quiero seguir tu viaje.
		 
			Maldita suerte tuviste,
		estas cosas no debieran
		partir a dos que se quieran.
		Y tú desapareciste.
		 
			Más espero estar contigo,
		solo no quiero quedar,
		me conformo con pensar
		que quieres estar conmigo.
	 
	© Chimi, 1990 
	
	
	

Alegato a la vida

Alegato a la vida

			Ya no existía palabra,
		letra o frase que expresara,
		que su surco ya no se ara
		con la ya, danza macabra.
		 
			Un gesto, nos da la vida,
		una mano, la confianza,
		una sonrisa, la esperanza
		y un llanto, la despedida.
		 
			El primer paso en costoso,
		el segundo nos sorprende,
		el tercero no se entiende
		y el último es desastroso.
		 
			Las preguntas se repiten:
		¿Hasta dónde la ilusión?
		¿Cuándo empieza la traición?
		… Y otra vez más se repiten.
		 
			Afortunado de aquel
		que tiene un día para ver,
		 otro día para aprender
		y un último para él.
		 
			Y si un puente se derrumba
		y agua por sus ojos brota,
		su estructura no está rota,
		pues su propia luz le alumbra.
 
         (A Dani, en su memoria)
	
	
	© Chimi, 1994 
	
	
	

Yo y mi asiento vacío

Yo y mi asiento vacío

			Yo y siempre yo,
		yo y mi asiento vacío,
		viajando por la carretera,
		la carretera de la vida.
		 
			De repente apareciste tú
		en mi mismo camino;
		ibas paseando por el arcén,
		me hiciste un gesto y me detuve.
		 
			No recuerdo cómo desapareciste,
		quizá en un cruce de luces;
		fue algo extraño y difuso,
		seguramente sólo un sueño.
		 
			Yo y siempre yo,
		yo y mi asiento vacío,
		viajando por la carretera,
		la carretera de la vida.
		 
			Y ahora, todas las noches
		acudo a tu encuentro,
		recorro cada kilómetro pensando en ti
		y no consigo hallarte.
		 
			Abro y cierro mis ojos,
		apago las luces y te busco;
		estoy ciego por tu amor
		y nunca consigo verte.
		 
			Y otra noche más
		regreso a mi cama
		con tu imagen en mi mente
		y mi corazón en tus sombras.
		 
			Yo y siempre yo,
		yo y mi asiento vacío,
		viajando por la carretera,
		la carretera de mi vida.  
	
	
	© Chimi, 1994 
	
	
	

El arroyo

El arroyo
	

… y las flores abrirán… Será al alba, con el reflejo de la más vaga existencia de luz, condensada en las gotas de sinceridad de su más humilde y olvidado pensar. Abren sus ventanas de color, con el mismo movimiento de la gota de agua que colma un vaso, como el seguir aguas arriba un río sin caudal, como si brotasen de un rincón pequeño que no se sabe dónde está y se desconoce cuándo entristeció al corazón.

Ya comienzan a bordear las mejillas y siguen corriente abajo; mientras, hay algo que sigue buscando el nacimiento del afluente, afluente que desencadenó el desbordamiento de sus sedimentos.

En el siguiente giro a la izquierda, se quiere encontrar un paisaje diferente, el esfuerzo aumenta, pero sigue anocheciendo y no se divisa el principio.

Atrapado entre la noche y el día, no se distinguen las siluetas con claridad. A lo lejos, en sus fuentes aletargadas y empañadizas, se aprecia un arroyo tranquilo, de aguas verdemarroniscas y tibias que se convierten en un lecho de amor.

Al tiempo que el explorador se acerca a la llaga oscurece más y más, pero, atrapado en sí mismo, no pierde la ilusión y se guía por la luz estelar. Un paso en falso heriría su vida, pero no estaba dispuesto a eclipsar la larga senda recorrida, senda que ahora quedaba sombreada.

Guiado por un solo sentimiento logró llegar al arroyo. A unos metros, se dibujaba una abrupta pared, parecía haber terminado todo…

Desesperado, miró hacia arriba y comprobó que unos puntos brillantes le observaban; él sonrío y, tras derramar una fría gota que impresionó el lienzo sagrado de su bondad, bajó la cabeza y miró las aguas que ya no eran verdes, eran oscuras y en ellas se reflejaban las ondas de su doloroso y grisáceo sentimiento.

Poco a poco se desdibujaban los surcos en el agua y se veían los puntos estrellados en ella. Con un ligero movimiento de cabeza, comprobó que la pared, oscura e impetuosa, no se imprimía en la frágil imagen del arroyo.

Confuso, intentó bordear la roca y descubrió que no había nada más allá. Miró sus pies y estaban dentro del agua; entonces, sintió una sensación cálida contrastante con su frío corazón. Rápidamente, salió del agua y echó a correr por donde creyó haber llegado allí.

Intuía que se estaba equivocando, pero el temor le traicionó.

Yo vi una luz, corrí hacia ella con todas mis fuerzas y, de pronto, caí por el precipicio humedecido de tu mejilla.

La gota se dividió en dos, una cayó sobre la flor y sólo por eso abrió; la otra quedó en tus manos como testimonio de mi cariño.

Ahora, sólo esa gota que tú recogiste es la única que sabe cómo llegar al arroyo, al arroyo que únicamente hace abrir las flores a las que tú diste la luz del alba.

(Al Vero a su paso por Alquézar y a una ilusión)

	
	© Chimi, 1992 
		
	
	

Noche en soledad

Noche en soledad
			
			Eres mi última página de un libro en blanco,
		el silencio entre el relámpago y el trueno,
		una tenue luz que, una vez más, se confunde en el horizonte
		con las dos palabras que nunca brotaron en tus labios.
		 
			Mi corazón sigue escribiendo tu nombre con tinta de amor,
		mis recuerdos son los tuyos
		 y el reflejo de tus ojos lleva impresos los míos.
		 
			Es la canción que me persigue y sigo escuchando en soledad,
		las notas de cariño que nunca supe componer,
		el profundo abismo, que hay tras mi puerta.
		 
			Una noche más vuelve a llorar el cielo
		y, escondidas las estrellas,
		sólo las luces de la calle serpentean los cristales incoloros de la noche.
		 
			Me asomo al balcón de la vida
		y mi almohada se humedece de gotas saladas.
		Fuera, las flores en sus tiestos colorados gozan del agua milagrosa;
		dentro, se evapora otro afluente del viejo arroyo.
		 
			Con el nuevo amanecer, se oyen sobre los charcos
		los pasos de un nuevo día;
		tras de sí, las huellas mojadas de una noche en soledad.
		 
			Ahora ya despierto de mi sueño,
		podré ya dormir en la vida. 
	
	
	© Chimi, 1995 
	
	
	

Horizontes

Horizontes
			
			Al tiempo que se aplastan
		y deslizan las gotas contra el cristal,
		se teje la suave y frágil cortina
		que empaña los horizontes soñados.
	 
				
	© Chimi, 1992 
	
	
	

© LORDÁN CEREZUELA, M. A. 1995. Sólo horizontes. Instituto de Estudios Altoaragoneses (IEA). Grafic Rm Color, S.L. Huesca. Dep.Legal: HU-288/95. Pliego de poemas. 15.

Sólo horizontes (Chimi) Contraportada del pliego de poemas Sólo horizontes